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El agresor sexual: Perfil de una víctima.

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PSICOLOGIA - ARTICULOS

El abuso sexual, sea cual sea la denominación que tome, es un acto pernicioso y de la más bajo ralea que puede existir. Es por esto que quién lo perpetra se convierte instantáneamente en el “villano de la película”, en un ser despreciable que solo merece que se le castigue de la forma más terrible que pueda existir. Y, esto puede ser verdad, pero muy probablemente solo estemos viendo una cara de la moneda. ¿Qué es lo que lleva a una persona a cometer abuso sexual a otra persona? ¿Es movido únicamente por maldad pura o existen otros factores que lo motivan? En El agresor sexual: Perfil de una víctima ahondaremos un poco más en este personaje que llamamos agresor sexual, que lo motiva a hacer lo que hace y como puede rehabilitarse.

Nuestra intención con este artículo no es dar una excusa o subsanar de responsabilidad a aquellos que han cometido abuso sexual. Creemos firmemente que por justicia humana y social, aquellos que realizan estos actos insanos deben de recibir todo el peso de la ley. En pocas palabras que reciban las consecuencias de sus actos. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de los que cometen estos actos lascivos, tienen una historia detrás de ellos que, al igual que sus actos, están llenos de injusticias, sufrimiento y abuso.

Por supuesto, a sus víctimas esto puede importarles muy poco o nada. Y no tiene por qué importarles, pero a aquellos terceros que velan por una sociedad más justa, más humana y que al no haber sido afectados por estos criminales, tienen un punto de vista más centrado, no pueden dejar pasar por alto la idea simple de que a pesar de ser criminales, son seres humanos.

Al final también se trata de una cuestión de lógica. Si estos criminales son procesados por los medios que presta la justicia, su vida no estará en peligro. Y aunque tengan que pasar por algún tiempo, encarcelados en penales, su cadena no será perpetua y volverán a estar entre los ciudadanos libres algún día. ¿No sería excelente que al salir, logren hacerlo totalmente rehabilitados, bajando así al mínimo la probabilidad de reincidencia?

Esto no sucede en la mayoría de los casos. Por supuesto, para llegar al punto de rehabilitar a un abusador sexual, se hace necesario cambiar algunas perspectivas. Como el hecho de que por haber cometido un crimen, no merece ningún tipo de resarcimiento y lo único que debe de hacer es pagar su condena y agradecer que nadie le haya matado.

Este tipo de pensamiento apegado a la ley del talión, es normal y por demás permisible de ver en una persona que ha sufrido el abuso sexual. Pero cuando esta visión se convierte en la política de un estado, entonces tenemos cárceles que se convierten en “universidades” para perfeccionar el arte de cometer este delito e individuos a los cuales no solo se les niega la posibilidad de convertirse en un futuro contribuyente para la sociedad, sino que se le alimenta de rencor y de más motivación para continuar alimentando las malas conductas que buscan satisfacer necesidades de la forma incorrecta.

Es por esto que tomar una actitud más proactiva/empática y menos reactiva/vengativa se hace necesario. Y ante todo, es vital entender que es lo que convierte a una persona en un agresor sexual.

Es cuando humanizamos al agresor sexual, y oímos su propia historia personal, es que nos damos cuenta que en la mayoría de los casos el agresor sexual es a su vez una víctima. Esta noción es muy difícil de entender para quienes han sido víctimas del abuso sexual, sin embargo al adentrarnos en el perfil de un agresor sexual, encontraos pruebas innegables.

Aquí presentamos algunas características de la historia personal de un agresor sexual:

La mayoría han sido víctimas de abuso sexual en la niñez: Con esto no queremos decir que todas las personas que han sido abusadas en su niñez, tienen por ley que convertirse en agresores sexuales. Muchas personas víctimas de abuso sexual logran encontrar ayuda externa o ayuda en su propia personalidad para salir adelante.

Sin embargo, no se puede obviar los datos estadísticos en miles de estudios con agresores sexuales. En algunos estudios, hasta el 80% de los agresores sexuales fueron víctimas en su niñez de abuso sexual. En estos casos el abuso nunca pudo ser detenido y no obtuvieron ni ayuda externa, ni su personalidad fue suficiente para mantenerlos en un camino correcto.

Antecedentes de familias disfuncionales: Puede que este aspecto se presente solo o en compañía del primer aspecto antes mencionado. En cualquier caso, la proveniencia del agresor sexual de una familia disfuncional también se convierte en un factor influyente en su conducta como criminal. La capacidad de establecer relaciones íntimas, maduras afectivamente y respetuosas del otro, depende en su mayor parte de la calidad de las relaciones afectivas del niños con sus primeros cuidadores, es decir, sus padres y/o familiares de primer grado.

Así pues, si el niño lo que recibe es abandono, maltrato y exposición a conductas nocivas por parte de sus padres, existe una gran probabilidad de que este niño se conviertan en adultos antisociales de distintos tipos. En un buen porcentaje esa antisocialidad se traducirá en ser un agresor sexual.

Estilos de crianza arbitrarios: Tiene mucho que ver con el segundo aspecto antes mencionado. Usualmente en familias disfuncionales los patrones de crianza son caóticos. Los patrones de crianza son los métodos con los cuales las familias corrigen a sus hijos de actitudes y conductas incorrectas o premian aquellas actitudes y conductas que estiman correctas.

En este caso, un buen porcentaje de los agresores sexuales provienen de patrones de crianza caóticos, donde fueron castigados de forma arbitraria y excesiva -cayendo en el maltrato infantil físico y emocional- y donde las buenas conductas no son premiadas del todo. Sin embargo, en una menor medida, los agresores sexuales también pueden provenir de patrones de crianza excesivamente permisivos, en donde no recibían castigo bajo ningún concepto, así expresara conductas antisociales.

Violencia Intrafamiliar: Un buen número de agresores sexuales provienen de familias que han padecido el flagelo de la violencia intrafamiliar, específicamente violencia conyugal. En este caos muchas veces la madre del agresor sexual es víctima de abusos físicos, psicológicos y hasta sexuales. Además sufre estos embates enfrente del hijo.

Por supuesto, esto le deja de aprendizaje al niño que las mujeres emparentan violencia con amor y que todas las mujeres deben aceptar la hegemonía masculina conseguida a través de la violencia.

Soledad emocional: La soledad emocional es un predictor de ira, agresión y hostilidad en general y, en los varones adultos, lo es de ira y hostilidad hacia las mujeres en particular. Esto se ve corroborado en el caso de los agresores sexuales, quienes suelen carecer de relaciones reales afectivas verdaderas, amigos cercanos importantes y suelen sentirse muy solos socialmente, aún a pesar de estar rodeados de gente.

Los delincuentes sexuales muestran déficits significativos en sus relaciones interpersonales, en sus vínculos con los demás, tienen menos relaciones íntimas o estrechas en sus vidas y están muchos más solos que el resto de los delincuentes comunes y el resto de las personas.

Sin edad, religión o raza: No se puede tener una distinción entre ninguna de estas demográficas a la hora de entender de donde provienen los agresores sexuales. En realidad tampoco se puede sacar por el apartado económico-social al momento de cometer la agresión sexual, pues el agresor puede poseer una buena posición económica y social a pesar de haber padecido los apartados anteriores.

Estos son algunos de las características de perfil que tienen la mayoría de los agresores sexuales. Por supuesto, existen algunos que tienen patrones antisociales más enraizados y que pueden hacerlo únicamente por el placer de hacerlo, sin que haya en su historial alguna de estas características.

Una vez más repetimos, que no es nuestra intención liberar a los agresores sexuales del pago de sus culpas, con la excusa de que sus experiencias pasadas les obligaron a ser así. Al final cada quien es responsable de sus actos y de pagar las consecuencias si las hay. Y en este caso somos enfáticos en decir, que debe de haber consecuencias para aquel que perpetra un abuso sexual.

Sin embargo, con la finalidad de que este individuo pueda regenerarse y convertirse en un contribuyente a la sociedad, es necesario humanizar al agresor, entender su historia personal y a partir de ahí, propiciar un cambio. Para que esto se dé, debe de haber una visión desde los estados que impulse la utilización de psicoterapia para la rehabilitación de estos individuos.

Algunos intentos de castración física y castración química se intentaron entre los años 60’s y 80’s, como un método de rehabilitación, obteniendo resultados de 0% de éxito. Por lo que a menos que la medicina avance lo suficiente, los métodos biológicos son inútiles. Los métodos psicoterapéuticos han tenido un mejor rango de éxito, en donde se han implementado.

La terapia psicológica ha tenido tanto éxito, justamente porque no parcializa su punto de vista, viendo al agresor únicamente como agresor, sino que lo ve desde un punto de vista más amplio; lo ve como un ser humano. Y al verle de este modo, encuentra posible el cambio de un ser con muchas deficiencias, ideas erróneas y conductas desadaptadas, a un ser más adaptado y productivo para la sociedad y para el mismo.

Los objetivos terapéuticos son claros:

Reconocimiento del hecho: Para muchos agresores, paradójicamente al igual que las víctimas, el aceptar que tal hecho se dio, es un acto muy difícil de lograr. Por supuesto sus motivaciones para negar el hecho son distintas, pero lo que se hace vital, tanto para víctimas y agresores, es reconocer tanto a nivel emocional como cognitivo, que el abuso se dio.

Educación afectivo-sexual: Como vimos anteriormente, la mayoría de los agresores tiene ideas erróneas acerca de cómo expresar afecto y como debe de ser el acto sexual. Para los agresores el abuso de poder, la violencia y la asimetría son componentes principales de la esfera afectivo sexual, porque es lo que mal aprendieron desde pequeños. El reaprendizaje de estos procesos, enseñando lo positivo del acto sexual como un todo y de la tolerancia, junto con la eliminación de antiguas ideas erróneas, como las que ya mencionamos, debe formar parte del quehacer terapéutico en la rehabilitación del agresor.

Habilidades de comunicación: Debido a los antecedentes negativos que puede tener el agresor, en su etapa de niñez, no es nada raro encontrar una déficit importante en las habilidades de comunicación, especialmente al momento en que el agresor debería de expresar lo que en realidad piensa y siente, lo cual es fundamental para el desarrollo de relaciones significativas con otros. Se debe de emplear suficiente tiempo en la rehabilitación, para mejorar esta área.

Resolución de problemas: El típico agresor, tiene problemas al momento de resolver situaciones frustrantes. Y su forma de descargar esta frustración, es por medio de la violencia y la agresión. Al enseñarle al agresor las formas adecuadas y adaptadas para resolver problemas en la vida diaria -algo que se aprende cuando es niño en la crianza-, se evita que vuelva a caer en la reincidencia, una vez que salga fuera de prisión y se encuentre con un mundo hostil hacia él.

CONCLUSIÓN:

En El agresor sexual: Perfil de una víctima, hemos visto cuales son las características típicas de un agresor sexual promedio. Hemos visto también la importancia de la rehabilitación en ellos, aceptando que a pesar de lo nefasto de su crimen, no deja de ser un ser humano y que por ende tiene el poder de hacer los cambios necesarios, con ayuda especializada, para convertirse en alguien mejor para la sociedad. Recuerda que en micompanero.com estamos para escucharte y ayudarte a la luz de la psicología.