Get Adobe Flash player

¿Cómo remediar en nuestros hijos el sufrimiento del abuso sexual?

Valoración de los usuarios: / 4
PobreEl mejor 
PSICOLOGIA - ARTICULOS

 

El abuso sexual en la niñez es uno de los problemas más difíciles, conmovedores y emocionalmente devastadores que una persona puede sufrir. Pero el sufrimiento es compartido con los padres, que muchas veces no saben qué hacer ante una situación como esta. También el dolor y la desorientación es compartido por demás familiares que viven en el mismo ambiente. En ¿Cómo remediar en nuestros hijos el sufrimiento del abuso sexual? veremos cuál es el papel de los padres en la curación del trauma de la violación en sus hijos y como se da este proceso.

 

El abuso sexual en la niñez usualmente resulta de un abuso de confianza. Muchas veces el abusador vive en el mismo techo o es una persona que goza de mucha confianza en el seno familiar. Entendiendo que muchas veces los padres están muy al pendiente del cuido de sus hijos, cuando alguien goza de su total confianza, es normal que estos bajen la guardia. Y es en estos momentos en que los abusadores aprovechan su oportunidad.

 

Ante esta situación una de las primeras cosas que los padres deben lidiar es con su propio sentimiento de culpa. Cuando el abuso sexual llega a ventilarse -tristemente esto solo ocurre en un porcentaje muy bajo de las veces- y se logra saber que la persona abusadora es un familiar o una persona de mucha confianza, los padres  no pueden dejar de recriminarse el no haber visto alguna señal de lo que estaba pasando en sus narices. Sienten que han fallado al juramento no escrito de proteger a sus propios hijos.

 

Sin embargo, lo peor que puede hacer un padre, es expresar estos sentimientos de culpabilidad frente al niño. En una situación como esta, si bien los padres deben mostrarse comprensivos, no pueden dejar que sus emociones se apoderen excesivamente de sus acciones.

 

Otro error común que los padres pueden cometer es el de intentar subsanar por ellos mismos el hecho, por miedo a ser vistos como padres incompetentes o por muchas ideas erróneas acerca del tratamiento con un profesional en la salud mental. Sin embargo, en estos casos lo mejor es dejar que los lineamientos básicos y principales paliativos al abuso, sean tomados por un psicólogo. Este encontrará la mejor manera de incluir a los padres en el proceso de sanación y se conviertan en la principal red de apoyo, para que el niño vuelva lo más rápido posible a tener una vida normal.

 

Entre los consejos más comunes que se les puede dar a los padres para el manejo del proceso de sanación del niño, podemos encontrar:

 

No negar el hecho: Muchos padres cometer el error de pensar que si no se habla del tema, si se olvida o hasta se niega, las cosas volverán a la normalidad o todo transcurrirá como si nada hubiera pasado. Esta no es más que una idea fantasiosa, que puede aunar a que el proceso de elaboración y sanación se vea interrumpido en el niño.

 

Si bien tampoco se trata de mencionar el abuso cada 5 minutos, lo ideal sería que cada vez que el niño se sienta en condiciones de habla acerca de lo sucedido, los padres no se nieguen a hacerlo y le aseguren al niño que todo lo que él cuenta es real.

 

Muchas veces el niño puede reconocer a nivel cognitivo que se ha hecho una trasgresión hacia él, pero debido a los mecanismos de defensa (hemos hablado de ellos en el artículo ¿Cómo sanar el abuso sexual infantil no elaborado? Part2) que ellos utilizaron para poder hacer más digerible el tortuoso hecho, muy probablemente no haya hecho ninguna conexión emocional (ira, asco, tristeza, etc.) a la violación. Los padres deben de servir en este caso, siempre que el niño esté dispuesto a hablar sobre este tema, como ayuda para poder expresar y entender las emociones que está sintiendo. Esto no se logrará a menos que los padres estén abiertos a no negar la violación o abuso.

 

Crear un entorno protector y cálido: Si bien puede ser que los padres estén tristes y con mucha ira debido al abuso o violación, la realidad es que expresar estas emociones delante de los hijos que han sufrido estos actos no sirve de nada, y por el contrario retraerá al niño(a). Por el contrario lo mejor es intentar crear ante el niño un ambiente calmo, cálido, lleno de amor y atención, para que el de este modo él pueda expresarse de forma segura.

 

Recuerde que ante todo, la víctima es un niño, el cual está aprendiendo como puede y como no puede comportarse y ante un ambiente hostil -aunque la hostilidad no vaya dirigida hacia él- nunca se sentirá lo suficientemente cómodo como para hablar de un tema tan difícil para él.

 

Manejo de la ira: Si bien el niño puede no entender las emociones que le causa el haber sido abusado o violado, esto no implica que no los va a sentir. La rabia o ira es una de las emociones más comunes ante cualquier hecho que violente nuestra integridad; en un niño no es diferente. El terapeuta ayudará al niño a encausar estas emociones de la mejor forma. Y los padres pueden ayudar.

 

En este caso los padres deben de evitar censurar al hijo, durante las primeras semanas después que el abuso o violación ha sido descubierto. Especialmente las expresiones verbales.

 

Muchas veces estas expresiones pueden ir referidas tanto a los padres como a hermanos y cualquier persona que viva con ellos. Ante esto, todos deben de desarrollar un sentido de tolerancia, especialmente durante las primeras semanas y mientras el trabajo con el terapeuta se consolida. Las correcciones de la forma tradicional solo interrumpirán el proceso. Los padres deberán demostrar valor y aceptar que estas expresiones son solo producto de la ira que desencadenó el abuso y la violación, y no una expresión fidedigna de lo que realmente el niño siente hacia sus progenitores. En pocas palabras, por muy difícil que sea, no se lo tome de forma personal.

 

Se hace necesario consensuar con el terapeuta, la explicación de las distintas emociones que el niño está aprendiendo con él, para que, de este modo, la información que se le dé no difiera, y así poder formar parte activa del proceso de sanación.

 

Los ejercicios como autoinstrucciones, distracción cognitiva, suspensión temporal, entre otros deben de ser conocidas por los padres para que de este modo, puedan ayudar a sus hijos en el proceso diario. Si los padres quieren ayudar, deben estar dispuestos a aprender junto con su hijo, dichos ejercicios

 

Creencias distorsionadas: En su afán por comprender por qué todo esto paso, el niño buscará explicaciones que muchas veces son distorsionadas o totalmente erradas. El terapeuta encontrará formas en como desmontar estas creencias erróneas. Pero como los padres influyen de forma muy fuerte -si ninguno de ellos fue el agresor-, la opinión que ellos den acerca de estas creencias, vale oro. Entre algunas creencias erróneas tenemos:

 

  • ØSi el abusador o violador fue del mismo sexo, esto puede convertir a las víctimas en homosexuales.
  • ØAceptar que es justo receptor de los chistes y burlas de los demás.
  • ØSer malo por haber disfrutado de las caricias.
  • ØTodos los adultos son malos; pueden hacer daño.
  • ØEstar sucio(a).
  • ØEstar marcado(a) para siempre.
  • ØEstas cosas solo le pasan a niños malos.
  • ØCuando sucede estos es porque el niño lo merece.
  • ØSoy malo porque no he dicho nada antes y por eso vuelve a pasar.
  • ØSi doy a conocer esto, voy a destruir a mi familia.

 

Estas son las ideas erróneas más comunes, pero pueden existir otras o variaciones de estas. Los padres deben estar al tanto de estas mismas, para que de este modo puedan expresar a sus hijos que esto no es así.

 

Manejo de la culpa: En realidad este apartado es más complejo de lo que parece, independientemente de la edad de la víctima. Si bien es cierto que toda la culpabilidad y responsabilidad recae en el agresor, la mayoría de las veces este no utiliza la fuerza para engarzar al niño en estas actividades.

 

Es aquí donde muchos padres en muchos lugares, especialmente rurales y cuando los niños están en edades pre púberes -niñas sobre todo-, se les responsabiliza del acto, pues no hay señales de que se les haya forzado a participar.

 

Por muy feo, o tabú, que pueda sonar para los padres o adultos en general, desde niños hay una conducta sexual abierta. Si bien no es una conducta parecida a la de los adultos, esta conducta sexual existe. Si a esto le sumamos que la estimulación de los órganos sexuales, produce placer aun a estas edades tan jóvenes, podemos encontrar que los abusadores tienen un terreno fértil para la seducción de estos niños.

 

Lo que no se puede perder de vista, es que sin importar estas condiciones, el abusador o violador se basa en la asimetría de poder para arrastrar a los niños a estos actos depravados y luego utiliza esta misma asimetría para hacerlos callar, utilizando la culpa como herramienta censuradora.

 

Es por esto que en la terapia se utilizará muchas de las horas en terapia para trabajar en el manejo de la culpa que el niño ha creado, ya sea por no haberse resistido al abuso, por haberlo callado y/o, aunque suene ilógico -y no siempre es así-, por que en algún punto lo ha disfrutado -este disfrute es meramente físico, pues psicológicamente lo único que queda es dolor, confusión y culpa-.

 

Los padres deben entender y asimilar este proceso complejo, y le deben de presentar al hijo siempre un punto de vista, en donde toda la responsabilidad del acto cae sobre el agresor y donde el niño no tiene ninguna responsabilidad y debe evitar sentirse culpable.

 

Control del afecto hacia el agresor: Este es otro punto complejo. Como mencionamos anteriormente, muchos de los abusos y violaciones en la niñez son perpetrados, ya sea por familiares -consanguíneos o por afinidad- de la víctima y/o personas de mucha confianza de la familia.

 

Por lo cual, antes del abuso y/o violación, el abusador pudo haberse ganado la confianza y el afecto del niño. Ante esto, el niño, en su mundo interior y para darle coherencia a lo que está ocurriendo, separa al abusador en 2 seres distintos: una, al que el niño quiere y echa de menos, y otro con el que el niño está enfadado y del que quiere ser protegido.

 

La reacción normal de los padres es inclinar a su hijo a que deteste a su abusador, lo que por supuesto solo ayuda a que la confusión crezca aún más. Lo mejor que pueden hacer los padres en esta situación y debido a la incapacidad de emitir un juicio meramente objetivo e imparcial, es dejar que este tema sea tratado exclusivamente en la terapia.

 

Sembrar en el niño el rencor, solo le creará más sufrimiento.

 

Como padres, así como todo en la vida, podemos tomar dos caminos. Podemos pasar todo el día culpándonos y maldiciendo nuestro destino por haber permitido una situación  de este tipo, flagelándonos en culpa y esperar que las cosas se solucionen por intervención divina.

 

El otro camino, es hacer lo que es mejor para nuestros hijos, ganar otra vez nuestro lugar como protectores en la vida del niño y delegar en personas más capacitadas aquellos aspectos que no podemos tratar por nosotros mismos, permitiendo que estos profesionales nos ayuden a encontrar el mejor camino para lidiar con esta situación, pidiéndoles ser parte activa del proceso de recuperación y siguiendo los consejos que ellos nos den.

 

Conclusión:

En ¿Cómo remediar en nuestros hijos el sufrimiento del abuso sexual? hemos visto algunas de las formas en que los padres pueden ayudar al proceso de curación o sanación de sus hijos que han sido víctimas de abuso o violación sexual. Este nunca será una situación fácil para un padre y los errores pueden darse, sin embargo, siempre que procures un ambiente de seguridad, calidez y cariño, estarás dándole el apoyo y la ayuda más grande a tu hijo. Recuerda que en micompanero.com estamos para escucharte y ayudarte a la luz de la psicología.