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Procrastinación: Cómo combatirla.

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PSICOLOGIA - ARTICULOS

En un artículo anterior hablamos acerca de un problema que cada vez se viene propagando más entre las personas de las generaciones actuales. Y que peligrosamente se viene haciendo también algo común en las nuevas generaciones que no han conocido otra cosa que un mundo conectado y con acceso ilimitado al entretenimiento -o distracción-. Estamos hablando del mal de la procrastinación. En Procrastinación: Cómo combatirla, hablaremos acerca de cómo lidiar con este mal, teniendo en cuenta antes, aquellas características psicológicas que presentan un problema al momento de hacer un cambio.

Y es que, como hemos mencionado en el artículo anterior, la procrastinación no es más que un problema conductual. La conducta no es un constructo psicológico que se desarrolla de la nada, sino que tiene un origen bien identificado pero también complejo. Ante la necesidad de procurar de buena forma el entendimiento de este artículo, haremos un resumen de la conducta.

La conducta es la forma en como nosotros respondemos ante los distintos estímulos que se nos presentan en el día a día, tanto internos como externos. En 4 palabras, es como nos comportamos. Pero como nos comportamos tiene su origen en un proceso complejo, en el cual influyen factores genéticos y factores ambientales. Los factores genéticos son los que dan la respuesta primaria, pero son los factores ambientales los que refuerzan o extinguen la aparición de dicha respuesta en un futuro.

Ejemplificando, tendríamos un caso hipotético de un niño que al decírsele por primera vez en su vida que se vaya a dormir, va a reaccionar llorando y desafiando la orden. El padre, al ver que el niño no hace caso, le habla de forma más beligerante y con un tono amenazante. El niño ante la amenaza, hace caso a regañadientes. Durante una semana sucede la misma escena, hasta que al iniciar la segunda semana, el niño, al dársele la orden, no llora y hace caso a la primera vez que se le dice.

La respuesta inicial del niño, podríamos decir que era una respuesta dada por la genética, pues es el llanto y la rabieta, son las formas naturales en como todo niño expresa su desacuerdo, disgusto o incomodidad ante diversos estímulos –en este caso la orden de ir a dormir-. La respuesta del padre ante la respuesta del hijo -llanto y rebeldía-, sería el factor ambiental del origen de una conducta. Y este factor ambiental, al presentarse durante un tiempo sostenido, logró que la respuesta del hijo, se modificara, creando una conducta -la de hacer caso a la orden sin rezongar-.

Como podemos ver, en el origen de la conducta influyen mucho los procesos de aprendizaje. Y este aprendizaje proviene del ambiente, en la forma de como este reacciona ante nuestra conducta, así como también proviene de factores genéticos que nos brinden cierta capacidad para entender lo que nos rodea y tomar la mejor opción.

Si, como pueden ir infiriendo a estas alturas, la procrastinación no es una conducta problemática que apareció de la nada, sino que fue aprendida por la forma en que vimos a otros actuar o la sacamos por conclusión como una conducta posible, en nuestra propia experiencia, y que por una u otra razón no encontró oposición suficiente -o no encontró oposición del todo- en el medio en el que nos desenvolvíamos, quedando instaurada hasta el momento en nuestro acervo conductual.

Pero si hemos aprendido algo de todo esto, es que la conducta no es una constructo inamovible, sino que puede ser modificado. De la misma forma como el ambiente y la genética pueden modificar nuestras conductas en la niñez, nosotros mismos en la adultez, podemos modificar nuestra conducta por simple fuerza de voluntad y aceptación de que nuestra conducta no es adecuada.

Por supuesto, si la modificación conductual se da en la niñez es relativamente más fácil. En la adultez, en cambio, hay mecanismos psicológicos ya instituidos que frenan los cambios y que evitan combatir la procrastinación. Algunos de estos mecanismos según William J. Knaus, autor de varios libros sobre la procrastinación, son:

 

Racionalización: Quizás la técnica más comúnmente utilizada para la procrastinación es la racionalización. Normalmente justifican el retraso diciéndose a sí mismos que empezarán mañana, cuando estén más preparados para hacer el trabajo. Esta actitud autoderrotista de dejarlo todo para mañana, acaba siendo un freno definitivo. Algunas variantes son: “siempre hay un mañana”, “sólo tengo que llegar al trabajo más temprano mañana”, “si duermo la siesta, después me sentiré con más ánimos de trabajar”, “lo haré más tarde”, “si espero obtener más información, el trabajo me saldrá mejor”.

El sentido de esta actitud, es que se sienten menos ansiosos porque han decidido hacer algo en el futuro y ahora no necesitan preocuparse; normalmente no sienten la presión, no obstante a pesar de este momento de alivio, algunos postergadores dicen que casi inmediatamente sienten preocupación cuando deciden hacer algo al día siguiente, porque en el fondo, se dan cuenta que no tienen la más mínima intención de hacerlo mañana y es cuando se reprochan continuar con la misma actitud cuando ya deberían haberla cambiado. La culpa se va acumulando y el postergador termina atrapado en su propio entramado neurótico.

A menudo el hábito de posponer se ve reforzado cuando una persona está levantada toda la noche para acabar justo antes de la fecha límite un trabajo y finalmente consigue una buena nota. Este tipo de situaciones tienden a generar más postergación debido a que la gente olvida con demasiada facilidad la angustia de intentar acabar el trabajo en una sola noche, u otras circunstancias en las que posponer tienen aún peores consecuencias. Este tipo de racionalizaciones expresan la idea de que es mejor jugar hoy y trabajar mañana y que placer pospuesto implica placer perdido. ”Disfrutar” se convierte en la máxima de su existencia. Se dedica tanto tiempo y energía a posponer, que al final el tiempo dedicado al placer acaba no siendo tan agradable.

 

Impulsividad: La impulsividad viene generalmente de la poca tolerancia a la frustración, cuando se ha decidido que la tarea es demasiado dura, o que no vale la pena esforzarse (aunque se desee el resultado). Hay gente que simplemente se rinde a no esforzarse por períodos de tiempo variado, estos períodos se ven de repente sustituidos por períodos de frenética actividad; cuando la gente se cansa de no obtener resultados e intenta conseguir rápidamente lo que desea. A menudo, la consecuencia de esta impulsividad, es que la gente tarde aún más en alcanzar las metas propuestas, y que finalmente lleguen a la conclusión de que el fracaso de su comportamiento impulsivo es una prueba de que el mundo es demasiado duro para ellos -victimización-.

 

Mecanismos de huida: La gente a menudo relaciona su incapacidad de invertir esfuerzo para conseguir lo que desea con creencias en lo mágico. De alguna manera lo bueno llegará si se es paciente y se espera lo suficiente. Esta racionalización esconde la intolerancia de muchos individuos por el trabajo y se basan a demás en una visión muy fantasiosa y poco realista de cómo se van alcanzando los objetivos en la vida. En la imaginación, encontrar pareja con la que se pueda mantener una relación estable y satisfactoria, puede ocurrir sin esfuerzo en un abrir y cerrar de ojos. En la fantasía los libros se pueden escribir en poco tiempo o llegar a ser un buen comercial o director de una empresa importante simplemente contando hasta tres. Lamentablemente la realidad no es tan simple y este tipo de actividades escapatorias como soñar o fantasear pierden valor cuando se las lleva a un extremo y cuando sirven a un propósito defensivo y no productivo.

 

Como podemos prever, estos mecanismos tienen bases fuertes en la repetición. Probablemente se ha hecho uso de ellos un sinfín de veces al momento de ver que esta conducta está mal. Sin embargo, el simple hecho traer a colación de forma consciente estos mecanismos -ya a estas alturas estos mecanismos se hacen inconscientemente-, puede ayudar al individuo a crear un cambio que le ayude a erradicar la procrastinación. 

A continuación en Procrastinación: Cómo combatirla, te daremos algunas técnicas prácticas que puedes poner en práctica para combatir este problema.

 

Empezar ahora: Hay personas que erróneamente piensan que han de esperar a que les venga la inspiración antes de ponerse a resolver un problema que han estado posponiendo. Esta actitud de espera, de dejarlo todo para mañana casi nunca funciona. Es mejor que los postergadores se den cuenta que esperar los momentos de inspiración es tan eficaz como los propósitos de año nuevo. Resolver un problema requiere mantener el esfuerzo, la inspiración inicial sirve sólo para empezar pero no para continuar resolviendo el problema. Además la inspiración si es que llega puede tardar mucho en hacerlo, es mejor empezar la tarea sin estar inspirado, es más probable que llegue la inspiración mientras se hace algo que sin hacerlo, y si no llega el trabajo ya estará hecho y habrá una cosa menos de la que preocuparse.

La filosofía japonesa del Kaisen puede ayudar en esta situación. De acuerdo a esta filosofía, primero se hace, después se mejora. Hacer algo imperfecto que no se mejora sobre la marcha, sino que se mejora una vez terminado ese algo. De esta forma no caemos ni en el perfeccionismo, ni en la espera de una inspiración que cree algo perfecto al primer intento.

 

Busque las Frases que se dice a sí mismo(sus Frases Internas): Ansiedad, depresión, rabia e impotencia son señales de que algo va mal. Este algo es el conjunto de creencias irracionales y autodespreciativas. Puede aprender a identificar las afirmaciones negativas preguntándose “cuando estoy deprimido o ansioso ¿qué pienso sobre mi mismo?”, después puede empezar a combatir sus ideas creadoras de depresión, desesperanza y autocompasión. Puede hacer lo mismo con sus pensamientos generadores de desprecio hacia si mismo y/o hacia los demás, así como los generadores de intolerancia y frustración.

Ayúdese a usted mismo a ver por qué es demasiado duro realizar actividades que a la larga son beneficiosas. Acepte el hecho de que su hada madrina se ha marchado a la Antártida y si quiere conseguir algo en la vida sólo cuenta con sus propios recursos para hacerlo. Si piensa dejar de jugar con su vida, es mejor que deje de actuar como un niño cuando las cosas no les son fáciles y empiece a esforzarse para mejorarlas. Identifique sus metas y desarrolle un plan de acción que sea viable. Comprométase a alcanzar una meta realista cada semana.

 

Autoreforzamiento: Si le resulta difícil sobreponerse a su tendencia a malgastar el tiempo, establézcase un sistema de premios y castigos. El sistema de recompensas es uno en el que usted identifica una meta agradable, como puede ser ir al Caribe una semana de vacaciones; si la meta que está posponiendo es una dieta de adelgazamiento, entonces puede ir de vacaciones cuando haya perdido 10 kg. Este tipo de esfuerzo reduce la urgencia de conseguir algo en un tiempo determinado sin que se deje de obtener una recompensa positiva cuando se alcanza la meta. Un sistema de castigos también pude ser útil, tome por ejemplo la meta de conocer a una posible pareja, si no ha realizado los pasos necesarios para conocerla (como hablar con la gente después de una conferencia, etc) entonces al final de la semana tiene que hacer algo que encuentre especialmente desagradable, como por ejemplo escribir una carta apoyando a una organización que deteste especialmente o mandar dinero a un partido político que no le gusta. Este procedimiento es especialmente efectivo cuando el castigo es mucho más desagradable que la actividad que se está posponiendo.

 

Escribir Recordatorios: El uso de recordatorios escritos puede ser una buena ayuda para que no se olvide de trabajar en el problema que está posponiendo. Tres frases que pueden ayudarnos: “haciéndolo es como acaba hecho”, “no deje que la hierba crezca bajo sus pies” y “en vez de todo o nada, ¿por qué no intenta hacer las cosas paso a paso?” Escriba tarjetas con estas frases y póngalas donde pueda verlas. A veces una marca en el dedo también puede servir a este propósito, ya que sirve de recordatorio para empezar a actuar.

CONCLUSIÓN:

En Procrastinación: Cómo combatirla hemos visto aquellas cosas que pueden evitarte hacer un cambio, así como también algunos consejos prácticos que te pueden ayudar a combatir este problema. Estos consejos son prácticos y sirven como una forma de autoayuda. Pero si sientes que requieres más ayuda, no dudes en buscar ayuda profesional en micompanero.com. Recuerda que en micompanero.com estamos para escucharte y ayudarte a la luz de la psicología.